viernes, 28 de marzo de 2008

Mirona


Mirona acecha tras las cortinas, buscando a quien espiar.
¿Será el del bigote o quiza el de las gafas?
La señora de rizados cabellos tampoco está mal.
¿Se levantarán? ¿Reirán? Parecen serios.
La duda está presente.
¡Mira!: aquél lee un papel muy atento.
Y esos chicos de pie que buscan asiento...
Ya está, lo encontré, ahí, quieto y formal, ahora dará la señal:

¡Damas y caballeros, la función va a empezar!

Dibujo y texto: Paula Marco

Este dibujito se lo dedico a mi primola Elena, una gran dibujante y mejor acuarelista. De quien aprendo muchísimo y me anima un montón. Un besazo para mi Gelen!!!

martes, 18 de marzo de 2008

La princesa y el guisante

Cada uno puede tener su versión de los cuentos, una interpretación de cómo le habría gustado que acabara la historia.
Bueno, ésta es la mía de un cuento que todos conocemos.


En una noche de gran tormenta, alguien llamó a una puerta. En el umbral estaba una joven empapada de pies a cabeza. Se presentó como si fuera una princesa, y quien abrió, dudó de sus palabras. Era la madrastra de un joven, que por casualidades de la vida era príncipe. La mujer decidió confirmar si sería buena esposa. Y así, sin más ni más, y sin preguntar al chaval, quiso comprobar el rango de la supuesta princesa, colocando un guisante debajo de una pila de numerosos colchones, donde la llevaría para descansar. Así, si se dormía, demostraría su falsedad:

Las damas de alta alcurnia no pueden dormir con un guisantito de nada, debajo de cientos de colchones.


Nada más acostarse la muchacha, cayó rendida en un profundo sueño; había caminado bajo la tormenta horas y horas, por caminos escarpados y embarrados.


Pero, ¡decidme la verdad! ¿vosotros creéis que un pequeño guisante le impediría dormir?


La mujer la miró con desprecio y, con orgullo, comprobó que no era una princesa y que no se casaría con su hijastro.
Pero, casualidades de la vida, el príncipe se enamoró de ella y nadie pudo evitar el amor entre ellos dos.
De manera que se casaron felices y contentos. Resultando que la joven era una dormilona, princesa... o no.


FIN


Dibujo y texto: Paula Marco

lunes, 10 de marzo de 2008

Shirka


Cuando Shirka era joven, su abuelo, el anciano jefe del poblado, enfermó. Nadie sabía como curarlo, ni si existiría medicina que pudiera salvarle.
Pasó el tiempo y la enfermedad agravó su estado, dejando al pueblo sin esperanzas.
Shirka era la única que continuaba investigando, probaba hierbas medicinales, buscaba en libros antiguos recetas ancestrales, pero no encontraba nada. Entonces decidió viajar a lugares más allá de lo imaginable, pero cuando regresó, sus manos estaban vacías.
Nada podía hacer, solo despedirse del viejo.
Cuando se acercó a su lecho, portando el cuenco de cuerno de Snirf, sus lágrimas resbalaron hasta caer sobre el agua que iba a utilizar para aliviarle la fiebre. Entonces una luz brotó del cuenco. Esa luz era el amor que sentía Shirka por el anciano.
Y cuando mojó su frente, éste abrió los ojos y dijo:
- Gracias Shirka, me voy curado.

Dibujo y texo: Paula Marco